Mi alma tiene sed de Dios

Lo que tenías, lo que dejaste, lo que perdiste, lo que solías hacer. No es solo recordar, sino añorar y  habitar en el pasado muchas veces es la causa por la cual podemos desanimarnos hasta al grado de entristecernos, y deprimirnos.  En el Salmo 42, David  expresa de esta manera su tristeza y su desanimo al recordar  con añoranza su pasado.  ¿Nos ha pasado alguna vez?  Que decimos: “Si volviera a vivir esto, todo sería diferente, ¡Como me gustaría regresar el tiempo!”

Salmo 42:4

“Me acuerdo de estas cosas, y derramo mi alma dentro de mí; De cómo yo fui con la multitud, y la conduje hasta la casa de Dios, Entre voces de alegría y de alabanza del pueblo en fiesta.”

Una vida sin propósito, sin el entusiasmo del mañana, se convierte en una vida vacía y seca. Así como a veces nuestro cuerpo físico se deshidrata sin darnos cuenta que hemos dejado de tomar el agua que antes tomábamos, y se comienza a manifestar a través de dolores de cabeza, u otros síntomas. El desánimo es un indicador de una sed profunda espiritual.

Dios es quien nos da propósito, quien le da sentido a nuestra vida, no importa lo que Dios te haya permitido vivir en el pasado, ¡Dios tiene algo nuevo! El desea que vivamos plantados junto a las aguas de su presencia, que vivamos saciados en El, que esa llenura nos haga crecer día con día hasta que sus frutos se puedan ver y podamos bendecir a otros.

Lo más importante es identificar esa deshidratación, y reconocer que la sed que existe en nuestro interior es por la presencia de Dios. Comenzar, y arrancar no es nada sencillo, casi siempre tenemos que forzar las cosas, el mismo desanimo nos quita las ganas de orar, de abrir nuestros labios para alabar a Dios, pero sabemos que Su presencia es la única salida de ese túnel obscuro.

Salmo 42:5

“¿Por qué te abates, oh alma mía, Y te turbas dentro de mí? Espera en Dios; porque aún he de alabarle, Salvación mía y Dios mío”

Nos desanimamos porque perdemos la esperanza. Esperamos lo malo, en lugar de esperar lo bueno de Dios. ¡Pon tu esperanza en el Señor, y nuevamente alábale! ¡Clama por Su presencia con sed, con desesperación, anhelándolo en tu vida, así como el ciervo busca por las aguas y déjate llenar por El! ¡El es nuestra esperanza!

Salmo 42:1,2

“Como el ciervo brama por las corrientes de las aguas, Así clama por ti, oh Dios, el alma mía. Mi alma tiene sed de Dios, del Dios vivo; ¿Cuándo vendré, y me presentaré delante de Dios?”

Salmo 42:8

“Pero de día mandará Jehová su misericordia, Y de noche su cántico estará conmigo, Y mi oración al Dios de mi vida.”

 

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