Ensanchados en Su propósito

Es difícil pensar en un final felíz cuando atravesamos momentos de angustia, de los cuales no vemos solución y mucho menos un final, pero como hijos de Dios podemos estar seguros que todo lo que pasamos, o enfrentamos es para nuestro beneficio. Mientras dejamos que El se glorifique nos beneficia el poder conocerlo más.

Hay muchos versos en Su palabra que nos lo recuerda, un  ejemplo  esta en  Salmo 4, verso 1.

“…cuando estaba en angustia, Tú me hiciste ensanchar.”

Ese es el resultado que Dios quiere que tengamos de las pruebas que enfrentamos. Que seamos ensanchados en su propósito, engrandecidos en su conocimiento al experimentar ser más que vencedores!  Que seamos más fuertes! Que tengamos un conocimiento más profundo de su soberanía, que seamos espectadores de su poder, que crezcamos, que no solo sea una prueba que pasemos y ya, sino que nos beneficie. Que podamos entender que no se trata de nosotros, sino de El, al tener un panorama más extenso nos enseña que nuestra prueba no se encierra en algo tan limitado como nuestra propia vida, sino que puede tener alcances eternos si lo permitimos. Lamentablemente no siempre tenemos ese resultado debido a que en lugar de buscar a Dios y rendirnos para que El sea quien se glorifique y manifieste en nuestra situación, preferimos ser egoístas, encerrarnos en nosotros mismos,  buscando culpables y buscando soluciones fuera de la voluntad de Dios. Esto en lugar de hacernos crecer nos hace estancarnos y no alcanzar el propósito de Dios.

Teniendo fija nuestra mirada en Jesús, quien ya venció por nosotros no hay nada ni nadie que nos haga tambalear hasta caer, puestos nuestros ojos en Jesús, quien nos hace entender la esperanza a la cual nos ha llamado. (Efesios 1:18)

“no mirando nosotros las cosas que se ven, sino las que no se ven; pues las cosas que se ven son temporales, pero las que no se ven son eternas.” 2 Corintios 4:18

Me gustó muchísimo esta explicación por Charles Spurgeon de lo que significa ser más que vencedores:

” Ahora esto es ser más que un vencedor: cuando la debilidad vence a la fuerza, cuando la fuerza bruta es frustrada por la gentileza y el amor. Esto, en verdad, es victoria, cuando las pequeñas cosas vencen a las grandes cosas; cuando las cosas viles de este mundo derrocan a las poderosas; y las cosas que no son deshacen a las que son: sin embargo, este es precisamente el triunfo de la gracia. Visto desde la perspectiva del ojo del sentido, el cristiano es débil como el agua; empero la fe sabe que es irresistible. De acuerdo al ojo del sentido es algo que ha de ser pisoteado, pues no opone ninguna resistencia y, sin embargo, a los ojos de Dios, se convierte precisamente por su gentileza y paciencia en más que vencedor.

…Además un  vencedor pelea por la victoria: lucha por algún motivo egoísta, pero el más que vencedor, lucha y sufre por Dios,  por hacer lo recto delate de El, sin ninguna perspectiva de ganancia terrenal”

 

Dios es especialista en mostrar Su poder en situaciones que son imposibles para nosotros. Nos volvemos más que vencedores cuando no quitamos nuestra mirada de El, y con fe y paciencia  lo dejamos actuar. El resultado será ser ensanchados en Su propósito, y engrandecidos en Su conocimiento.

 

 

 

 

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