Sus promesas, nuestra meta!

“Todo lo que vale la pena en esta vida cuesta,” trato de recordármelo sobre todo cuando me topo con esos momentos en lo que me siento desanimada, cansada, o que no veo el resultado que esperaba.

Que fácil es desanimarnos cuando perdemos el objetivo. Tener la meta en mente es lo que nos hace avanzar sin dejar que el cansancio, el desanimo, o las circunstancias nos paralicen.

Me gusta como estos versículos nos comparan con un atleta. Un atleta se prepara con disciplina, se abstiene de ciertas cosas, tal vez no desvelarse, seguir una dieta rigurosa, quizás en tiempos en los que el atleta hubiera querido estar en algún otro lugar tuvo que utilizar ese tiempo para entrenar, todo esto tendiendo un propósito en mente. Me queda claro que de las cosas que se abstiene no necesariamente son malas, muy seguramente podría seguir participando y correr, pero no de tal manera que pueda llevarse el premio.

Y así es en nuestra vida. Cuando nos fijamos un objetivo, en nuestra familia, en nuestro trabajo, en nuestra relación con Dios, siempre habrá cosas de las que nos tendremos que abstener, siempre, que no necesariamente son malas, quizás hasta buenas, pero te alejan de tu objetivo, de correr hacia tu meta con excelencia; pues no se trata de sólo llegar, si no de alcanzar el premio.

Y lo que verdaderamente vale la pena es lo eterno. Tener una relación con Dios cuesta, querer agradar a Dios cuesta, alcanzar lo máximo, lo más deseado requiere de abstenernos de ciertas cosas también, es invertirle tiempo en buscarlo dejando a un lado cualquier cosa que quizás deseamos hacer en ese momento. Es decidir agradarlo a El antes que a todo, aún cuando todo este en contra. No buscarlo sólo por cumplir un tiempo o un requisito de tu día, si no buscarlo queriendo alcanzarlo a El. Buscarlo deseando conocerlo a El.

Todo lo que inviertas en tu vida de Dios, todo lo que inviertas en la vida de tu familia de Dios y todo lo que invirtamos en la vida de los demás de Dios producirá resultados eternos. Una satisfacción y un gozo que perdurarán.

El primero de noviembre comenzamos un tiempo de oración mi esposo y yo, aunque teníamos tiempos de oración. Decidimos hacerlo de manera más firme y nuestro objetivo al conocer el poder que Dios nos ha dado a través de la oración era comenzar a interceder por nuestra familia.

Confieso que no fue fácil, había veces en las que el sueño y el cansancio me hacían desear que a Jorge se le olvidara, pero ya sea el o yo, nos recordábamos de terminar este primer mes orando por nuestra familia. Fue un tiempo en los que nos tuvimos que abstener de ciertas cosas que queríamos hacer en ese momento, perdernos programas favoritos, perdernos de descansar o de quedarnos dormidos por estar intercediendo juntos. Y creo que a todos nos pasa pero cuando más nos proponemos algo, más cosas en tu contra vienen, me di cuenta que a veces justo a antes de ponernos a orar, salía un tema en el que no estábamos de acuerdo y que nos amenazaban con perder la buena actitud y la buena disposición para ponernos a orar. Aún así, no perdimos de vista lo importante. Y creemos que no fue en vano, Dios escucha nuestra oración, y hace cosas grandes y poderosas cuando sus hijos lo buscan y oran. Y tarde o temprano, veremos los frutos eternos de haber decidido buscar a Dios e interceder.

Queremos más de Dios en nuestra familia? Queremos ver frutos eternos en nuestros hijos? Corre de tal manera que puedas alcanzarlo, vale la pena abstenernos de las cosas que nos impiden correr con excelencia, aunque todo este en contra. Corre con un propósito! La meta son Sus promesas! Sus promesas, para tu vida, para tu familia! No las pierdas de vista!

 

1 Corintios 9:24-27
“¿No sabéis que los que corren en el estadio, todos a la verdad corren, pero uno solo se lleva el premio? Corred de tal manera que lo obtengáis. Todo aquel que lucha, de todo se abstiene; ellos, a la verdad, para recibir una corona corruptible, pero nosotros, una incorruptible. Así que, yo de esta manera corro, no como a la ventura; de esta manera peleo, no como quien golpea el aire, sino que golpeo mi cuerpo, y lo pongo en servidumbre, no sea que habiendo sido heraldo para otros, yo mismo venga a ser eliminado.”

2 pensamientos en “Sus promesas, nuestra meta!

  1. Que importante es ese tiempo de oración para interceder por nuestras familias y que mejor hacerlo juntos como esposos…Hermosa palabra!..gs. Chayito por ser de tanta bendición para mi vida..un abrazo!

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