Como cartas vivas

Somos nuestra carta de presentación, a dónde quiera que vamos nos damos a conocer, aún sin hablar, nuestra manera de actuar, y hablar hablan de nosotros. Dice la palabra de Dios que somos cartas vivas escritas a donde quiera que vamos, no es necesario leerlas nosotros mismos, puesto que están a la vista de todos, cartas abiertas que con nuestro testimonio se dan a conocer.

Estemos conscientes o no de esto, el ejemplo es el mejor instrumento de enseñanza, y es lo que más se queda en las personas, lo que los demás ven de nosotros es lo que sembramos en ellos. Este versículo me hizo pensar en cuantas veces no he sido integra en lo que hago con lo que digo, pero gracias a Jesús que lo tenemos a El como ejemplo.
Quien más que con palabras, nos enseñó con hechos. Dándonos a conocer Su gran amor en la cruz, Quien no se aferró al poder, sino que se humilló, sin hablar, sin quejar, y soporto la prueba por amor. El no tuvo que decir nada estando ahí. Como una carta abierta conocida por todos pudimos darnos cuenta de Su INCOMPARABLE amor. Y más que Sus palabras, Sus hechos fueron los que sembraron eternidad en nuestros corazones.

Si sus palabras me dejan sin aliento, y me sacuden enteramente, cuánto más Sus hechos! Lo que El hizo por mi, tiene que ser capaz de transformarme por completo. Murió, y resucitó para darme algo que nunca podría haber alcanzado yo misma. Su misma vida en mi.

¿Qué es lo que queremos sembrar en los demás? ¿En tu familia, con tus hijos, con tus amistades, con la gente que aun no  conoces? ¿Semillas de amor? ¿de paz? ¿esperanza? ¿de fe? O con nuestra manera de hablar, de dirigirnos, de comportarnos ¿estamos sembrando, angustia, ansiedad, división, o amargura?

Que como Jesús, podamos ser ejemplo. Que seamos cartas vivas escritas no con tinta, ni con letra nuestra,  sino escritas con Su Espíritu, que a donde quiera que vayamos puedan leerlo a El en nosotros.

2 Corintios 3:2, 3 RVR60
“Nuestras cartas sois vosotros, escritas en nuestros corazones, conocidas y leídas por todos los hombres; siendo manifiesto que sois carta de Cristo expedida por nosotros, escrita no con tinta, sino con el Espíritu del Dios vivo; no en tablas de piedra, sino en tablas de carne del corazón.”

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