Su amor cubre multitud de faltas

Entre más conocemos Su santidad, y entre más cerca estamos de Su luz, más nos damos cuenta de la suciedad en nosotros, aún de esas manchas diminutas que antes nos parecían insignificantes ahora ya no lo son y nos pesa vivir con ellas. Conocerle más nos revela Su santidad y la falta de santidad en nosotros. Gracias a Dios por esos sentimientos de culpa que nos hacen darnos cuenta de nuestros errores, es solo Su Espíritu Santo redarguyendo nuestro espíritu.

Lo importante no es que Su Espíritu nos redarguya, es qué hacemos después de sentir esa culpa sobre nosotros. ¿Callar, seguir como si nada hubiera pasado, o rendir nuestra vida ante la santidad de Dios, confesarle nuestras faltas y corregir nuestro camino?

A veces sentimos temor a la condenación y no confesamos nuestro pecado, pero la verdadera condenación existe al encubrirlo. David describe en los Salmos esta condenación como un peso que no lo dejaba día y noche, donde sentía que se consumía su cuerpo y se esfumaban sus fuerzas. ¿Alguna vez lo has sentido?  ¿Has sentido que la culpa no te deja? Yo creo que todos hemos sentido el peso del remordimiento por el pecado, pero el amor, la misericordia y Su fidelidad son aún mayores que toda condenación, y están esperando derramarse sobre nuestra vida al ver nuestra rendición y humildad.

Una vez que aceptamos y confesamos nuestras faltas dice la Biblia que cantos de liberación, alegría, y misericordia ¡nos rodearán!

En Dios no hay condenación ¡hay amor y hay perdón! no temamos acercarnos a Él y vaciar nuestra carga. La condenación la vivimos al dejar que el orgullo, el temor a rendirnos y a cambiar nos hagan callar. Encubrir nuestro pecado siempre nos esclavizará.

Aceptar nuestros errores siempre cuesta, rendir nuestra vida a El y corregirla cuesta, pero es necesario morir para que El crezca en nosotros. Gracias a Dios que por la sangre de Jesús El no desprecia un corazón humillado, y nos promete estar con nosotros y hacernos mejores cada día para Su gloria.

Esta promesa es como una contestación del Señor hacia David, después de haber confesado su pecado ante El:
“Te haré entender y te enseñaré el camino por el que debes andar, sobre ti fijaré mis ojos.”
Salmos 32:8

Que hermoso es que aún conociendo nuestras debilidades, El decide fijar Sus ojos en nosotros.

Salmo 32:2-5
“Bienaventurado el hombre a quien Jehová no culpa de iniquidad,
Y en cuyo espíritu no hay engaño.
Mientras callé, se envejecieron mis huesos
En mi gemir todo el día.
Porque de día y de noche se agravó sobre mí tu mano;
Se volvió mi verdor en sequedades de verano.
Mi pecado te declaré, y no encubrí mi iniquidad.
Dije: Confesaré mis transgresiones a Jehová;
Y tú perdonaste la maldad de mi pecado.”

Salmos 51:17
“Los sacrificios de Dios son el espíritu quebrantado; Al corazón contrito y humillado no despreciarás tú, oh Dios.”

Hebreos 4:15,16
“Porque no tenemos un sumo sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras debilidades, sino uno que fue tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado. Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro.”

Romanos 8:1-2
“Ahora, pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús, los que no andan conforme a la carne, sino conforme al Espíritu. Porque la ley del Espíritu de vida en Cristo Jesús me ha librado de la ley del pecado y de la muerte.”

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