Como árbol plantado junto a las aguas

Al leer estos versículos recordé esta pregunta que nos hizo mi pastor hace varios días:
“¿Cuándo has visto a un árbol pujar para dar fruto?”
Y continuó diciendo: “No son nuestros frutos, son los frutos de Su Espíritu.”

Me hizo pensar en lo cierto que es. Un árbol no se esfuerza para dar fruto, el fruto se da naturalmente y en su tiempo. Si el fruto que da es bueno, es una manera de saber que el árbol esta obteniendo los nutrientes adecuados. Si el fruto es malo, algo está pasando, algo está faltando.

Así es nuestra vida espiritual, nuestro alimento es Su palabra, Su palabra es vida para nosotros, Su palabra es la que nos anima a permanecer, son Sus promesas las que nos impulsan a persistir, y nos hace fuertes, ahí encontramos el consejo necesario para toda situación, nos da Su perspectiva, es la que abre los ojos de nuestro entendimiento, la que alumbra y corrige nuestro camino, nos hace ver nuestras debilidades y nuestra dependencia de Él, todo esto lo hace a través de Su Espíritu quien trae revelación a nuestra vida cuando la meditamos. Esto, sin duda, es lo que va produciendo en nosotros los nutrientes necesarios para dar fruto, buen fruto.

¿Estamos batallando? ¿Nos estamos esforzando para dar Sus frutos? Si es así, es que estamos lejos de Su alimento, así como el árbol esta plantado y permanece en su lugar, nosotros debemos permanecer en El, hallar deleite en Su palabra, meditando en ella de día y de noche y obedecerla no importando las circunstancias, es quedarnos, no movernos del lugar donde obtenemos lo que necesitamos, esto producirá Sus frutos na-tu-ral-mente en nosotros.

Cuando siento que me estoy esforzando para dar amor, sé que me ha faltado estar plantada en las corrientes de agua, corro a Su presencia dónde El me habla, me llena, renueva y me da otra perspectiva de las cosas, cambiando mis sentimientos.
Entonces nace en mí el amor que por mí misma no podría sentir.

No son mis frutos, son los frutos de Su Espíritu, y sólo Sus frutos son los que nos caracterizan como hijos de Dios.

Salmo 1: 1-3
“Bienaventurado el varón que no anduvo en consejo de malos,
Ni estuvo en camino de pecadores,
Ni en silla de escarnecedores se ha sentado;
Sino que en la ley de Jehová está su delicia,
Y en su ley medita de día y de noche.
Será como árbol plantado junto a corrientes de aguas,
Que da su fruto en su tiempo,
Y su hoja no cae;
Y todo lo que hace, prosperará.”

Jeremías 17:8
“Porque será como el árbol plantado junto a las aguas, que junto a la corriente echará sus raíces, y no verá cuando viene el calor, sino que su hoja estará verde; y en el año de sequía no se fatigará, ni dejará de dar fruto.”

Romanos 8:14
“Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, estos son hijos de Dios.”

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