Cuando los cambios llegan

Ya tres meses viviendo en otra ciudad, y aunque para algunos este tipo de cambios pueden ser más fáciles que para otros, no dejan de obligarte a tener que hacer ciertos sacrificios en tu vida.
Nunca se me olvidará estas palabras tan ciertas de parte de unos amigos al estar con esta difícil decisión de mudarnos:

Casi siempre lo que nos detiene en hacer cambios en nuestra vida es el apego, el apego que sentimos hacia nuestra rutina, hacia el entorno al que estamos acostumbrados, hacia nuestros amigos, nuestra iglesia, nuestra casa, nuestra estabilidad, hacia nuestra comodidad y hacia lo conocido.
Cuando ese apego es tan fuerte como para impedirte avanzar en tu vida, o tomar decisiones, haciendo cambios que sabes que son buenos, lo único que hacen es alejarte de la bendición que Dios tiene al querer cumplir Su propósito en tu vida.

¡Nunca sabremos que hay más allá, si no nos soltamos de ese apego y caminamos hacia allá!
Que bueno sería tener el panorama completo, pero si fuera así… ¡nos perderíamos de la gran experiencia de dejarnos ser sorprendidos por El!

Para avanzar en nuestra vida siempre requerirá de nosotros hacer ciertos cambios que nos costarán, quizás nuevas y más grandes responsabilidades, o a lo mejor los cambios que tengas que hacer tengan que ver con hacer lo correcto o quizás son cambios no planeados, inevitables, que de repente llegan a tu vida sin ni siquiera avisar. Sea como sea, todos los cambios nos empujan a caminar por sendas que no conocemos, pero son oportunidades para que podamos ver como Dios va convirtiendo las “tinieblas en luz, y lo escabroso en llanura”, entre más rápido soltemos ese apego, aceptando el cambio y sigamos caminando hacia lo que Dios quiere, es lo que nos permitirá avanzar y nos dejará ver que Su mano no se ha apartado, ni se apartará.

En estos tres meses hemos pasado por pruebas y hemos aprendido mucho, pero Dios no ha dejado de sorprendernos y aunque a veces extrañamos; confiamos y recordamos que Dios tiene un plan y que no importa que tan incierto se vea el camino, con Su presencia podemos caminar seguros de que Él nos sorprenderá en el siguiente paso.

Isaías 42:16
“… les haré andar por sendas que no habían conocido; delante de ellos cambiaré las tinieblas en luz, y lo escabroso en llanura. Estas cosas les haré, y no los desampararé.”

Isaías 55:8
“Mis pensamientos no se parecen en nada a sus pensamientos” —dice el Señor—. “Y mis caminos están muy por encima de lo que pudieran imaginarse.”

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