Cuidado con lo que hablamos

¿Porqué dije esto? Lo dije mal… ¡No era así! ¿Te ha pasado? A mi sí…a veces me he arrepentido de como he dicho las cosas, y me he dado cuenta que a veces se han creado problemas por algo que dije, que muy posiblemente lo dije mal. Las palabras son de las cosas que no se pueden borrar, lo que dijiste ya se dijo, y ya se escucho, y ya causo lo que tenía que causar…aunque nos arrepintamos de lo dicho y pidamos perdón, ya no es lo mismo.

Cuidar lo que decimos y como lo decimos es muy importante. La mayor parte de los problemas en las relaciones es por esto. Debemos de tener cuidado con lo que decimos, para después no sentirnos avergonzados por lo que hablamos. No podemos excusarnos en que: “es que somos muy sinceros”, “es que yo digo lo que pienso”, cuando lo que realmente somos es ser imprudentes.

Si edifica dilo, si no…no.

La Biblia habla varias veces de cuidar nuestra lengua, de tener dominio propio, y de saber refrenarla, de no hablar mucho y de bendecir con nuestras palabras. Y si este tema aparece en la Biblia tantas veces como advertencia y cuidado, es porque la lengua tiene mucho más poder que cualquier otra parte de nuestro cuerpo pero sobre todo afecta mucho a los que están alrededor.

El día de hoy hagamos este ejercicio…pensemos antes de hablar. Que cada palabra sea de bendición y pueda traer edificación.

Efesios 4:29
“Ninguna palabra corrompida salga de vuestra boca, sino la que sea buena para la necesaria edificación, a fin de dar gracia a los oyentes.”

Salmos 35:28
“Y mi lengua hablará de tu justicia Y de tu alabanza todo el día.”

Proverbios 12:18
“Hay hombres cuyas palabras son como golpes de espada; Mas la lengua de los sabios es medicina.”

Proverbios 18:21
“La muerte y la vida están en poder de la lengua, Y el que la ama comerá de sus frutos.”

Proverbios 21:23
“El que guarda su boca y su lengua, Su alma guarda de angustias.”

Santiago 3:5
“Así también la lengua es un miembro pequeño, pero se jacta de grandes cosas. He aquí, !!cuán grande bosque enciende un pequeño fuego!”

Santiago 3:9-11
“De una misma boca proceden bendición y maldición. Hermanos míos, esto no debe ser así. ¿Acaso alguna fuente echa por una misma abertura agua dulce y amarga?”

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