El Señor es mi pastor, nada me faltara.

Este versículo, como lo hemos repetido y repetido, memorizado, leído en libros, cuadros, calcas, y en muchas partes más. No se a ti, pero a veces cuando mas lees de algo y lo lees y los repites, de repente como que pierdes el significado, ya no te llama tanto la atención, y no le encuentras la razón de ser. El Salmo 23, esta tan bonito y tan profundo que por eso lo encontramos en todas partes.

Si nos ponemos a realmente leer y meditar en estos versículos, y no solo meditar si no a creerlos. ¡Todo cambia! La mayor parte de nuestras preocupaciones son porque pensamos que estamos solos. Solo y con un reto enorme enfrente de ti, solo y sientes que no eres amado, solo y tienes una deuda que pagar, solo y no tienes trabajo, solo y con tanto trabajo, solo y con esta mala noticia que te acaban de dar, no importa de donde venga nuestra preocupación estas siempre infunden temor.

Se nos olvida que tenemos a Alguien que va con nosotros, con El nada nos va a faltar, y no habla solamente de lo material, si no de todo. Él nos dará descanso, confortará nuestra alma, siempre nos guiará, nos infundirá aliento, fuerza, poder, nos dará un “trato especial” y no nos avergonzará en presencia de las personas que nos angustian, y el bien y la misericordia nos seguirán todos los días de nuestra vida! ¿Qué más queremos?

Pero, para que Él sea nuestro pastor, tenemos que ser sus ovejas.

Salmo 23

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